Introducción
En agosto de 2013, un comprador de ópalos de Adelaida llamado Mike Poben revisaba unas bolsas de ópalo en bruto que había comprado a los mineros del yacimiento de Wee Warra, a las afueras de Lightning Ridge, en el remoto interior de Nueva Gales del Sur. Buscaba color, ese destello rojo y verde que paga las facturas de un comprador. Lo que lo detuvo fue una forma. Dos pequeñas crestas en abanico sobresalían de la tierra adherida a un extraño trozo de piedra. Eran dientes. El trozo era la mandíbula inferior de un dinosaurio, y se había convertido por completo en ópalo.
Poben podría haber enviado la pieza a cortar y vender. En cambio, la donó a la ciencia. Cinco años después, el paleontólogo Phil Bell, de la Universidad de Nueva Inglaterra, y sus colegas le pusieron nombre al animal: Weewarrasaurus pobeni; el género, por el yacimiento donde se encontró, y la especie, por el hombre que se dio cuenta de que un cubo de cascotes contenía una nueva rama del árbol genealógico de los dinosaurios (Bell, Herne, Brougham & Smith, 2018, PeerJ). Era el primer dinosaurio nuevo descrito en Nueva Gales del Sur en casi un siglo, y había salido de la tierra como un fósil opalizado, un hueso convertido en gema. Lightning Ridge es el único lugar de la Tierra donde eso ocurre de forma habitual.

Cómo se forman los fósiles opalizados: cuando un hueso se convierte en joya
Un fósil opalizado es un fósil cuya materia es ópalo, sílice hidratada, el mismo mineral que se engasta en anillos y colgantes. La mayoría de los fósiles se forman cuando minerales como la calcita o la sílice se filtran en restos enterrados y se endurecen. En Lightning Ridge y en los demás campos opalíferos australianos, el mineral de relleno resulta ser ópalo noble, el que descompone la luz en colores.
El Australian Opal Centre, que alberga la mayor colección pública del mundo de este material, describe dos maneras en que ocurre, y un mismo ejemplar puede mostrar ambas. En la primera, un organismo se descompone bajo tierra y deja una cavidad en el sedimento. Más tarde, una solución rica en sílice rellena ese hueco como la gelatina llena un molde, y produce un vaciado de ópalo que reproduce la forma exterior de una concha o de un hueso, pero nada de su estructura interna. En la segunda, la sílice impregna el material original antes de que se descomponga y lo reemplaza poco a poco, hasta el más fino detalle interno. Cuando el ópalo resultante es transparente en lugar de lechoso, ese detalle puede leerse directamente a través de la piedra. Según el Australian Opal Centre, Lightning Ridge ha proporcionado los únicos fósiles transparentes de hueso de animales grandes que se conocen en toda la Tierra.

Belemnitas, amonites, almejas, caracoles, piñas y madera arrastrada por el agua aparecen en ópalo, sobre todo en los campos marinos como Coober Pedy y White Cliffs. Lightning Ridge es distinto, y esa diferencia lo es todo para los dinosaurios.
Un mar en el corazón de Australia
Hace unos cien millones de años, durante el Cretácico, un mar poco profundo se extendió por el interior del continente. Los geólogos lo llaman mar de Eromanga. En su máxima extensión anegó cerca de un tercio de Australia: una masa de agua fría y de latitudes altas en un mundo cuyos polos no tenían hielo permanente. Sus sedimentos forman hoy gran parte de la Gran Cuenca Artesiana.
Lightning Ridge se encontraba en la orilla sur de aquel mar, en una llanura de inundación costera y boscosa no muy lejos del Polo Sur. Los ríos depositaban arena y arcilla; los animales vivían y morían en los pantanos y los canales. Esos sedimentos son hoy la Formación Griman Creek, la unidad rocosa que proporciona los huesos opalizados. Como la llanura de inundación era de agua dulce y no marina, conservó animales terrestres, y por eso Lightning Ridge da dinosaurios y los campos marinos, criaturas marinas.
Durante mucho tiempo se supuso que la formación era del Albiense, un tramo anterior del Cretácico. Un estudio de 2019 lo corrigió. Midiendo la desintegración radiactiva del uranio en plomo en diminutos granos de circón detrítico —cristales erosionados y arrastrados hasta una arcillita volcánica situada justo por encima de una capa fosilífera—, Bell y sus colegas fijaron una edad máxima de depósito de entre 100,2 y 96,6 millones de años, lo que sitúa los fósiles con firmeza en el Cenomaniense temprano a medio (Bell, Fanti, Hart, Milan, Craven, Birch & Smith, 2019, Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology). El mismo artículo documentó una de las faunas terrestres del Cretácico medio más ricas que se conocen en Australia.
Ácido, hierro y un paralelismo marciano
¿Por qué se forma ópalo aquí y casi en ningún otro sitio? El ópalo noble es realmente raro en el registro geológico, y la explicación más aceptada procede del geólogo Patrice Rey, de la Universidad de Sídney (Rey, 2013, Australian Journal of Earth Sciences).
Cuando el mar de Eromanga se retiró, el paisaje expuesto inició un largo proceso de desecación, desde hace unos 97 hasta hace 60 millones de años. Los sedimentos cretácicos que quedaron estaban cargados de pirita, hierro y ceniza volcánica meteorizada, que en conjunto daban al terreno una gran capacidad para acidificarse al oxidarse. En el modelo de Rey, esta meteorización ácida y oxidante movilizó la sílice a través de la pila de sedimentos: la disolvió de los granos volcánicos y la transportó hacia abajo en forma de gel. Para producir ópalo noble, el que lanza destellos de color y no el común y lechoso, hace falta después un segundo paso: la química tiene que volver a ser alcalina antes de que ese gel se seque y se endurezca en los huecos. Ese vuelco solo es posible donde la roca circundante puede absorber el ácido, y aquí el ingrediente decisivo es uno casi ausente. Estas rocas apenas contienen carbonato, que normalmente neutralizaría el ácido demasiado pronto y detendría todo el proceso. Donde las calizas o los lechos de conchas amortiguan la química, es decir, en la mayoría de los lugares, el ópalo nunca tiene su oportunidad.
Rey estableció una comparación inesperada. La combinación que describe —sedimentos ricos en material volcánico, ausencia de carbonato, meteorización ácida y oxidante, sílice opalina y una superficie que se seca bajo una atmósfera tenue— coincide en gran medida con las condiciones documentadas en la superficie de Marte, hasta en el color de óxido. Dicho de otro modo, el ópalo que yace bajo el interior australiano puede ser un análogo legible de la meteorización química en otro planeta.
La explicación de Rey es la más desarrollada, pero no es la última palabra. Una visión alternativa, asociada a Hans Behr y a John Watkins, del Servicio Geológico de Nueva Gales del Sur, sostiene que los microbios intervinieron en la formación del ópalo negro de Lightning Ridge. El artículo de Rey recibió una réplica publicada que cuestionaba aspectos del mecanismo de meteorización, y el Australian Museum afirma sin rodeos que el origen de los fósiles opalizados de Australia, y del propio ópalo, sigue siendo objeto de un intenso debate. El hecho principal es seguro —aquí los huesos se convirtieron en ópalo—, mientras que la química que lo hizo posible sigue discutiéndose.
La manada que dormía en un salón
El otro descubrimiento emblemático empezó mucho antes que la mandíbula de Poben, y pasó décadas guardado. En 1984, un minero del ópalo llamado Bob Foster excavaba en el yacimiento de Sheepyard, cerca de Lightning Ridge. En lugar de color, no dejaba de toparse con huesos, el tipo de hallazgo que un minero que vive de su trabajo tiene todos los motivos para maldecir, porque no da dinero. Aun así, Foster comprendió que era importante. Reunió los huesos, hasta llenar varias maletas, y trajo a científicos del Australian Museum, con la ayuda de reservistas del ejército, para excavar el lugar.
Después, el material cayó en el olvido. Durante unos treinta años, los huesos de Foster permanecieron prácticamente sin estudiar hasta que, en 2015, sus hijos Gregory y Joanne Foster los donaron al Australian Opal Centre a través del programa federal Cultural Gifts Program. Cuando Phil Bell examinó por fin la colección, advirtió algo que los años de almacenamiento habían ocultado. Como explicó más tarde, encontró cuatro escápulas, cada una de un animal de distinto tamaño. El montón contenía varios animales, no uno.
En 2019, el equipo bautizó al animal como Fostoria dhimbangunmal (Bell, Brougham, Herne, Frauenfelder & Smith, 2019, Journal of Vertebrate Paleontology). El género honra a Bob Foster; el nombre de la especie significa «corral de ovejas» en las lenguas yuwaalaraay y yuwaalayaay, por el yacimiento donde él excavaba. Fostoria era un iguanodontiano, un pariente herbívoro del Muttaburrasaurus de Queensland, y los individuos más grandes pudieron alcanzar unos cinco metros de longitud.
La colección reúne unos 60 huesos opalizados, entre ellos parte de la caja craneana de un adulto y restos de al menos otros tres animales: la primera manada de dinosaurios documentada en Australia. Jenni Brammall, del Australian Opal Centre, resumió su importancia: Fostoria es el esqueleto de dinosaurio opalizado más completo del mundo. Los huesos recuperados representan quizá una quinta parte de un único esqueleto, lo que aun así sitúa el hallazgo entre los dinosaurios más completos que se conocen del continente.
El primer mamífero australiano y un pliosaurio llamado Eric
Los dinosaurios no son toda la historia. Lightning Ridge también ha proporcionado Steropodon galmani, una mandíbula inferior opalizada con tres molares hallada por los hermanos David y Alan Galman y descrita en 1985. Fue el primer mamífero mesozoico descubierto en Australia, un monotrema parecido al ornitorrinco y del tamaño de un gato, y retrasó en decenas de millones de años el registro de mamíferos de Australia. El holotipo, una mandíbula de un azul opalino, se conserva en el Australian Museum y sigue apareciendo en los debates sobre la evolución del molar de los mamíferos. (Las estimaciones de su edad varían, desde la antigua atribución al Albiense hasta el Cenomaniense revisado.)

Para hacerte una idea de lo que está en juego cuando estos fósiles sobreviven intactos, piensa en Eric. En 1987, un pliosaurio opalizado, un reptil marino descrito más tarde como Umoonasaurus demoscyllus, salió de la tierra en Coober Pedy. Tiempo después, el esqueleto estuvo a punto de venderse y despiezarse por su ópalo. Lo rescató una campaña pública encabezada por el programa científico de la ABC Quantum. Según el Australian Museum, más de 25.000 personas, familias y grupos hicieron donativos en tres semanas, con el apoyo adicional del fabricante de sombreros Akubra, y se reunieron más de medio millón de dólares para que el museo pudiera asegurar el ejemplar para el público. Un preparador dedicó más de 450 horas a recomponer cientos de fragmentos; se recuperó más del 90 % del esqueleto opalizado, lo que convierte a Eric en uno de los esqueletos de vertebrado opalizados más completos que se conocen.
¿Gema o fósil?
La casi pérdida de Eric resume la tensión central de los fósiles opalizados. Según la legislación minera australiana, quien extrae el ópalo de la tierra es su dueño, sea fósil o no. Una mandíbula llena de dientes y un lote de color vendible pueden ser el mismo objeto, y cuando el dinero escasea suele ganar el lote vendible. Los ejemplares se cortan para hacer gemas o se venden al extranjero, y la ciencia que contienen desaparece.
Los mineros no son los villanos de esta historia. Muchos tienen la misma vista aguda y la misma fascinación por los fósiles que los paleontólogos, y sin ellos los ejemplares ni siquiera saldrían a la luz. Como ha dicho Brammall, los mineros son la razón por la que estos fósiles se encuentran. Por cada lote cortado y vendido en silencio, hay un Poben o un Foster que se detuvo a mirar. El Australian Opal Centre, fundado a finales de la década de 1990 y que ahora construye un museo subterráneo en el yacimiento de Three Mile, existe en gran medida para que los mineros tengan un lugar al que llevar estos hallazgos, y la mayor parte de su colección llegó en forma de donaciones.
Lo que aún no sabemos
Siguen abiertas dos grandes preguntas. La primera es la química: si la opalización es solo cuestión de meteorización ácida, como sostiene Rey, si contribuyeron los microbios, como proponen Behr y Watkins, o si la respuesta es alguna combinación que aún no se ha precisado. El mecanismo que formó estos fósiles sigue siendo objeto de un estudio activo.
La otra es más difícil de medir, y quizá nunca llegue a medirse. Nadie sabe cuánto se ha perdido ya, cuántas mandíbulas, extremidades y cráneos han pasado por las muelas de corte y han acabado en joyeros sin dejar registro. Cada lote de ópalo en bruto ante el que un minero se detiene, como hizo Poben en su día, es un cara o cruz entre un anillo y una nueva especie. Lightning Ridge sigue siendo el único lugar del planeta donde esa moneda al aire es siquiera posible.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se forman los fósiles opalizados?
Los fósiles opalizados (en inglés también «opalised», según la convención australiana) se forman como otros fósiles, salvo que el mineral es ópalo noble, sílice hidratada. O bien una solución rica en sílice rellena el hueco que deja un organismo descompuesto y produce un vaciado de ópalo de su forma exterior, o bien la sílice reemplaza directamente el material original y conserva el detalle interno. La explicación más aceptada de por qué esto ocurre en Lightning Ridge es la meteorización ácida y oxidante de sedimentos ricos en hierro y en material volcánico que apenas contienen carbonato, aunque el mecanismo exacto sigue debatiéndose.
¿Dónde se encuentran fósiles de dinosaurio opalizados?
Casi exclusivamente en Lightning Ridge, en Nueva Gales del Sur (Australia), en rocas de la Formación Griman Creek, del Cretácico. El lugar era una llanura de inundación de agua dulce, que conservó animales terrestres. Otros campos opalíferos australianos, como Coober Pedy, estaban bajo las aguas del mar de Eromanga y proporcionan criaturas marinas opalizadas en lugar de dinosaurios.
¿Cuál es el dinosaurio opalizado más completo?
Fostoria dhimbangunmal, descrito en 2019 a partir de unos 60 huesos opalizados que representan al menos a cuatro individuos. El Australian Opal Centre lo describe como el esqueleto de dinosaurio opalizado más completo del mundo, y el hallazgo documenta además la primera manada de dinosaurios conocida de Australia.
¿Por qué es tan raro el ópalo en la Tierra?
La formación de ópalo noble requiere una química poco habitual. En el modelo de Patrice Rey, exige una meteorización ácida y oxidante con poco o ningún carbonato presente, porque el carbonato neutraliza el ácido que moviliza la sílice. La mayoría de los ambientes sedimentarios contienen carbonato suficiente para impedirlo, y por eso la cuenca cretácica australiana, pobre en carbonato, es tan excepcionalmente productiva.
¿Tienen valor los fósiles opalizados?
Sí, de dos maneras que compiten entre sí. Como ópalo de calidad gema pueden cortarse y venderse, y como ejemplares científicos pueden ser irreemplazables. El conflicto entre esos valores explica por qué a veces se destruyen fósiles para el comercio de joyería, y por qué instituciones como el Australian Opal Centre trabajan para adquirirlos y protegerlos.
¿Por qué hay fósiles opalizados en Lightning Ridge y no en otros lugares?
Porque allí se combinaron las rocas adecuadas con la química adecuada. Una llanura de inundación de agua dulce en el borde del mar de Eromanga sepultó plantas y animales, y más tarde los sedimentos, pobres en carbonato y ricos en hierro y en material volcánico, sufrieron la meteorización ácida y oxidante que produce el ópalo. Esa combinación de fósiles y de condiciones favorables a la formación de ópalo es, hasta ahora, prácticamente exclusiva de los campos opalíferos australianos.



