Era
Cenozoico
Desde hace 66 millones de años hasta hoy
La era Cenozoica marca un punto de inflexión importante en la historia biológica de la Tierra. Tras la extinción de los dinosaurios no avianos, los mamíferos se diversificaron rápidamente y evolucionaron para ocupar muchos de los nichos ecológicos que habían quedado vacíos. Al principio del Cenozoico, los mamíferos siguieron siendo relativamente pequeños, pero a medida que avanzaba la era evolucionaron grandes herbívoros y carnívoros, entre ellos los primeros elefantes, los rinocerontes y depredadores como Smilodon (los félidos de dientes de sable).
El Cenozoico presenció también la evolución y la expansión de las gramíneas, que tuvieron un impacto profundo en los ecosistemas. El auge de las praderas en el Mioceno condujo a la evolución de grandes mamíferos pastadores, como los caballos, los bisontes y los antílopes. Las praderas ofrecieron además nuevas oportunidades a los mamíferos más pequeños y a las aves, lo que llevó a una mayor diversificación de la vida.
Desde el punto de vista geológico, la era Cenozoica ha estado marcada por una intensa actividad tectónica, incluido el levantamiento del Himalaya, la formación de los Andes y las Montañas Rocosas y la deriva continuada de los continentes hacia sus posiciones actuales. El clima durante el Cenozoico temprano era cálido, pero la Tierra empezó a enfriarse gradualmente, lo que condujo finalmente a las glaciaciones del periodo Cuaternario.
El acontecimiento más trascendental del Cenozoico fue la evolución de los seres humanos. Los antepasados de los humanos modernos aparecieron por primera vez en África hace unos 6–7 millones de años, y a finales del Cuaternario Homo sapiens se había extendido por todo el planeta. Desde entonces, la actividad humana se ha convertido en una fuerza dominante en la configuración de los ecosistemas, el clima y la geología de la Tierra.