Introducción
A primera hora de la mañana del 20 de noviembre de 1980, la cuadrilla que trabajaba en una plataforma flotante sobre el lago Peigneur, cerca de Nueva Iberia (Luisiana), tenía un problema entre manos: la broca se había atascado. Su broca rotatoria de 14 pulgadas se había trabado a unos 1.228 pies de profundidad de perforación. Aquello era una molestia, no una emergencia: a tan poca profundidad, una broca atascada suele resolverse con una maniobra rutinaria. Los hombres siguieron forzándola. Y entonces, a lo largo de las dos horas siguientes, empezaron a oír cosas que nunca habían oído: una serie de fuertes chasquidos procedentes de algún punto muy por debajo de ellos y, después, la inconfundible sensación de que toda la torre empezaba a inclinarse hacia el agua. Abandonaron la plataforma a toda prisa y llegaron a la orilla. Minutos después, la plataforma entera volcó y desapareció en un lago que, esa misma mañana, tenía apenas unos diez pies de profundidad.
Lo que había hecho la cuadrilla, aunque después nadie pudo demostrarlo con certeza, era perforar un agujero en el techo de una mina de sal en plena explotación. En unas tres horas, el lago había desaparecido.
La mañana en que desapareció el lago
En 1980, el lago Peigneur ocupaba unos 1.300 acres de la parroquia de Iberia: un sencillo lago de agua dulce que se usaba para pescar y navegar y que en ningún punto superaba los diez u once pies de profundidad. En su orilla sureste se alzaba Jefferson Island, una loma baja y arbolada coronada por la casa de 1870 del actor Joseph Jefferson y por Live Oak Gardens, el jardín tropical que la familia Bayless había plantado allí. Bajo el lago y la isla se extendían las galerías de la mina de la Diamond Crystal Salt Company. Allí se extraía sal con fines comerciales al menos desde 1919, primero en manos de la familia Bayless, que a partir de la década de 1930 explotó también un yacimiento de azufre en la roca de cobertera. Diamond Crystal, con sede en St. Clair (Míchigan), compró la explotación de sal en 1956.
Dos industrias explotaban al mismo tiempo el mismo rincón de Luisiana. Texaco era titular de la concesión estatal 124, que abarcaba los derechos mineros bajo el lago, y había subcontratado a la Wilson Brothers Corporation para perforar un pozo petrolero exploratorio desde una plataforma flotante. Mucho más abajo, los mineros de Diamond Crystal arrancaban sal en varios niveles, el más profundo a unos 1.500 pies.
Cuando la sarta de perforación se trabó y empezaron los chasquidos, los hombres de la plataforma hicieron lo más sensato: marcharse. Lo mismo hicieron los mineros bajo tierra. El electricista de la mina, Junius Gaddison, vio un torrente de agua fangosa que se extendía por el suelo, donde no debería haber agua, y dio la alarma. Todos los mineros del turno, 55 en total, subieron a la superficie en el único ascensor de la mina, en una evacuación ordenada. Más tarde, Diamond Crystal premió a seis de ellos por su heroísmo, entre ellos los hombres que recorrieron las galerías más alejadas para asegurarse de que nadie se quedaba atrás.
En la superficie, el lago empezó a moverse. Sobre la perforación se abrió un remolino que creció hasta alcanzar, según las estimaciones, alrededor de un cuarto de milla de diámetro; al principio giraba despacio y después, a una velocidad aterradora. Se tragó la plataforma de perforación, luego una segunda torre que trabajaba cerca, después un muelle de carga de barcazas, camiones, árboles y trozos de la orilla. Un pescador que estaba en el lago con una pequeña barca aceleró a fondo hacia la orilla y lo consiguió; más tarde contó que su barca había acabado varada en el barro, donde el fondo del lago había quedado al descubierto. Al final, el desastre no causó ninguna víctima mortal ni heridos graves. Las crónicas de la época solo registran la pérdida de tres perros.

¿Qué es un domo salino?
Para entender cómo una perforación pudo convertir un lago en un desagüe, tienes que bajar, bajar mucho, y retroceder mucho en el tiempo.
La sal que hay bajo el lago Peigneur pertenece a la Sal Louann, una potente evaporita depositada en el Jurásico Medio, tradicionalmente asignada al Calloviense, cuando Norteamérica se separaba del bloque de Yucatán durante la fragmentación de Pangea y una joven cuenca del golfo de México se inundaba y se secaba una y otra vez. Esa capa original de sal, la «capa madre», se extiende bajo buena parte de la costa del Golfo. A la latitud de la costa de Luisiana, la capa de origen yace a gran profundidad: Autin, siguiendo a Kupfer, sitúa la Louann a unos 17 kilómetros de profundidad, y la estimación de Kumar de 1982, de quizá 50.000 pies, es del mismo orden.
Como roca, la sal es un caso extraño. La halita sólida tiene una densidad de unos 2,2 gramos por centímetro cúbico y no se compacta con el enterramiento como lo hacen el barro y la arena. El sedimento recién depositado empieza siendo menos denso que la sal, pero a medida que queda enterrado y comprimido, se compacta y su densidad acaba superando la de la sal. Hacia los 1,2 a 1,3 kilómetros de enterramiento, las dos densidades se cruzan; más abajo, la sal es el material más ligero, atrapado bajo una roca más pesada. Es una disposición inestable, y la naturaleza la resuelve igual que una lámpara de lava resuelve una burbuja caliente en el fondo del cristal: el material que flota asciende. Además, la sal se comporta de forma plástica: a escala de tiempo geológico fluye como un fluido extremadamente rígido, de modo que puede reptar hacia arriba por fracturas y zonas débiles de la roca suprayacente, abombando y perforando las capas que tiene encima. Los geólogos llaman diapiro a esa columna ascendente, de una palabra griega que significa «perforar».
A medida que asciende, un diapiro arrastra y curva hacia arriba los estratos que lo rodean a lo largo de sus flancos. Esas capas levantadas y falladas son trampas excelentes para el petróleo y el gas, y precisamente por eso las petroleras siempre han prestado mucha atención a los domos salinos, y por eso Texaco perforaba junto a uno. La cima de un domo de la costa del Golfo suele estar cubierta por una «roca de cobertera» de anhidrita, yeso y caliza, el residuo que queda cuando el agua subterránea disuelve la cresta de la sal, y algunos domos contienen en esa cobertera azufre explotable comercialmente.


Jefferson Island y las Cinco Islas
Jefferson Island es el más septentrional de una hilera de cinco domos salinos alineados en dirección noroeste–sureste cerca del borde occidental de la llanura deltaica del Misisipi: Jefferson, Avery, Weeks, Côte Blanche y Belle Isle. En la zona los llaman las Cinco Islas, aunque ninguno de ellos está rodeado de agua. Son colinas, el único relieve apreciable en muchas millas a la redonda en un paisaje de marismas y llanura costera, levantadas allí donde la sal ascendente abombó el terreno que tenía encima.
El geólogo Whitney J. Autin, cuyo artículo de 2002 es el estudio moderno más completo de estas formas, las describió como estructuras salinas enraizadas kilómetros más abajo que mantuvieron su posición cerca de la superficie mientras el terreno a ambos lados se hundía. Sus superficies conservan las huellas de ambos procesos: pendientes inusualmente empinadas y sedimentos superficiales fracturados allí donde la sal ha empujado hacia arriba, y charcas, collados y estructuras de colapso de hasta un kilómetro de diámetro allí donde se ha disuelto. El mecanismo que las formó se llama downbuilding, un concepto que se remonta a Barton en 1933 y a Murray en 1961: la columna de sal permanece, en la práctica, cerca de la superficie mientras la cuenca se hunde a su alrededor y el sedimento se acumula en las zonas de retirada de sal que la flanquean.
Avery Island, el mayor de los cinco, es el más famoso: es la cuna de la salsa Tabasco y a menudo se describe como el punto más alto de la costa del Golfo, con unos 163 pies. Jefferson Island es más modesto: su cima alcanza unos 75 pies sobre el nivel del mar. En 1982, el geólogo Madhurendu B. Kumar, en un texto para la Houston Geological Society, describió Jefferson Island como una península de terreno más alto que se adentraba en el lago.

Cómo se inundó la mina
La mina de Diamond Crystal se explotaba por el método de cámaras y pilares: los mineros excavaban una retícula de galerías enormes, de unos 100 por 80 pies cada una, en varios niveles hasta unos 1.500 pies de profundidad, y dejaban en su sitio gruesas columnas de sal para sostener los techos. Era, en la práctica, una serie de cámaras inmensas y secas, como catedrales, talladas en el stock salino.
Cuando el conjunto de perforación irrumpió en una de esas cámaras, abrió una vía entre un lago de diez pies de profundidad y un hueco casi vacío situado más de mil pies por debajo. El punto probable de la brecha era una cámara ya explotada del nivel de 1.300 pies de la mina. Eso es lo que sostuvo Diamond Crystal en su demanda, y los investigadores de la MSHA elaboraron su propia estimación de la ubicación del sondeo; la parte de Texaco nunca lo admitió.
Aquí la geología convirtió un pequeño agujero en una catástrofe. El lago era de agua dulce; las paredes del agujero eran de sal. Y el agua dulce disuelve la sal con avidez. A medida que el agua del lago se precipitaba por la perforación inicial, iba devorando la sal de alrededor y el agujero se ensanchaba, lo que dejaba pasar más agua, que disolvía más sal: una retroalimentación desbocada que nadie podía detener. El torrente también arrancó el suelo y la roca que rodeaban la abertura y socavó los pilares de sal que sostenían el techo. A medida que esos pilares se disolvían y cedían, se derrumbaron tramos del techo de la mina, lo que agrandó la cavidad en la que podía hundirse la superficie.
El aire atrapado en la mina que se inundaba tenía que salir por algún sitio, y salió disparado por los pozos de la mina, primero como ráfagas de aire comprimido y luego, según Modern Marvels, de History Channel, como géiseres de hasta 400 pies. Las versiones divulgativas dicen que unos 3.500 millones de galones de agua se escurrieron en unas tres horas. Conviene tomar esa cifra con cautela: procede del periodismo, no de ninguna medición hidrológica. Su aparición más influyente es el muy leído relato de Alan Bellows de 2005, según el cual al cabo de tres horas el lago había perdido «la mayor parte de sus 3.500 millones de galones». Algunas fuentes citan volúmenes menores, de 1.500 a 2.500 millones de galones. La dispersión lo delata: es una estimación sin medir, no un valor aforado.
El remolino acabó engullendo once barcazas, un remolcador y las dos plataformas de perforación. Después, una vez llena la mina y equilibrada la presión del agua de abajo con la del agua de arriba, el desastre hizo un último truco. Días más tarde, nueve de las once barcazas hundidas volvieron a salir a la superficie por sí solas. Las torres de perforación y el remolcador quedaron sepultados en la mina destruida.

Minería subterránea de sal en la cercana Avery Island en 1933. La mina de Diamond Crystal en Jefferson Island usaba el mismo método de cámaras y pilares, con columnas de sal que sostenían el techo, columnas que se disolvieron en cuanto entró el agua dulce. USGS (1933), dominio público.
El canal invertido y la tierra perdida
El lago Peigneur desaguaba normalmente hacia el sur por el canal Delcambre, también llamado Bayou Carlin, un cauce de unas 12 millas de longitud por el que la flota camaronera local baja hasta la bahía Vermilion y el Golfo. Con el lago vaciándose de repente en la mina, el flujo del canal se invirtió: en lugar de llevar el agua del lago al mar, ahora era el agua salada del Golfo la que corría hacia el norte para volver a llenar el cráter. Donde el canal invertido se vertía en la cubeta vaciada, formó durante un breve tiempo la cascada más alta jamás registrada en Luisiana. Las fuentes no coinciden en su altura. Dos fuentes dan 150 pies —64 Parishes, la enciclopedia del Louisiana Endowment for the Humanities, y el relato de Bellows—, mientras que Modern Marvels, de History Channel, la sitúa en 164 pies. En cualquier caso, fue algo pasajero: duró solo lo que tardó el Golfo en volver a llenar el lago, ahora mucho más profundo.
La pérdida de tierra fue permanente. Las versiones divulgativas suelen decir que el lago se tragó unos 65 acres de orilla, incluida una gran parte de Jefferson Island y parte de Live Oak Gardens. La cifra de la literatura geológica es más precisa: en un artículo de 1984 para la Gulf Coast Association of Geological Societies, Autin cifró la pérdida en 68,2 acres (27,6 hectáreas) de tierra a lo largo del margen sureste del lago y la atribuyó a una dolina de colapso que comenzó con una inestabilidad a gran profundidad y desencadenó en cascada una serie de deslizamientos y coladas de barro en superficie.
Ese hundimiento explica por qué el lago nunca volvió a ser lo que era. Cuando regresó el agua, no llenó la antigua cubeta somera, sino un cráter profundo sobre la mina anegada y hundida. Hoy el lago Peigneur tiene una profundidad máxima de unos 200 pies (60 metros), frente a los unos diez pies de antes, lo que lo convierte en el lago más profundo de Luisiana. Ahora su agua es salobre, no dulce.
¿Quién tuvo la culpa?
Es la pregunta que todo el mundo se hace, y ninguna investigación ha logrado zanjarla.
Las pruebas que habrían permitido determinar con exactitud por dónde pasó la perforación, y dónde estaba exactamente la pared de la mina, quedaron destruidas en la inundación. La reconstrucción generalmente aceptada es que la perforación estaba mal situada respecto a la mina, a causa de un error topográfico o de triangulación, y que por eso la broca atravesó el techo de la mina. Pero nunca se ha descartado la alternativa: que fueran inexactos los propios planos de la mina que indicaban hasta dónde llegaban sus labores.
La investigación federal chocó contra el mismo muro. La Mine Safety and Health Administration de EE. UU. elaboró el informe oficial, The Jefferson Island Mine Inundation, en 1981, firmado por Marvin W. Nichols, Jr. y sus colegas. Su conclusión es notablemente franca sobre los límites de lo que se podía saber. En palabras del propio informe, en la página 57: «Dado que era imposible inspeccionar las labores inundadas de la mina, y debido al carácter circunstancial de la información disponible, sería extremadamente difícil determinar la causa precisa de la inundación».
Los abogados fueron menos prudentes que los geólogos. Diamond Crystal demandó a Texaco por 260 millones de dólares; Texaco presentó una contrademanda. Diamond Crystal sostenía que Wilson Brothers había triangulado mal la posición del pozo. El abogado de Wilson Brothers fue más allá: tras más de dos años de investigación, dijo, varios expertos habían llegado a la conclusión de que el pozo nunca llegó a perforar la mina de sal. En julio de 1983, las partes llegaron a un acuerdo extrajudicial. Según la información de United Press International de la época, Diamond Crystal aceptó 32 millones de dólares de Texaco y Wilson Brothers: Wilson Brothers pagó el 6,25 % y Texaco, el resto. Por separado, J. L. Bayless, la Live Oak Gardens Foundation y Live Oak Gardens Ltd. recibieron 12,8 millones de dólares de Texaco (70 %), Diamond Crystal (25 %) y Wilson Brothers (5 %). Circula mucho una cifra de 45 millones de dólares: 64 Parishes la presenta como un pago de Texaco a Diamond Crystal, y el relato de Bellows, como el total que recuperó Diamond Crystal. La crónica de UPI de la época es la fuente más fiable, y la aritmética sugiere de dónde salió la cifra mayor: 32 millones más 12,8 millones de dólares suman 44,8 millones. Es la suma de los dos acuerdos, no un tercer pago. Las demandas colectivas presentadas por mineros y otros empleados seguían pendientes en el momento del acuerdo y no formaban parte de estos pactos.
El lago Peigneur hoy
La mina de Diamond Crystal nunca volvió a abrir como mina de sal; se cerró formalmente en diciembre de 1986. Pero el domo salino no dejó de ser útil. Desde 1994, el domo que hay bajo el lago Peigneur se utiliza como instalación subterránea de almacenamiento y distribución de gas natural a presión, gestionada por Jefferson Island Storage & Hub, LLC (JISH). AGL Resources, de Atlanta, compró la instalación a una filial de American Electric Power en 2004; la propia AGL pasó a ser Southern Company Gas en 2016, y JISH sigue siendo hoy una de sus filiales. Tal como lo describía la empresa en un comunicado de 2010 sobre una solicitud de permiso, JISH «opera actualmente dos cavernas de almacenamiento de gas natural en el domo salino de Jefferson Island, a unos 4.000 pies bajo la superficie del lago Peigneur», cavernas que, según la empresa, funcionaban de forma segura desde 1994. (Comunicados de la empresa de 2007 situaban esas mismas dos cavernas a unos 3.000 pies; la cifra de 4.000 pies procede de la solicitud posterior). El gas se inyecta en cavernas excavadas por disolución en la sal, la misma roca ligera e impermeable que había hecho atractiva la región para los exploradores petroleros.
Una propuesta para añadir una tercera y una cuarta caverna, que habría elevado la capacidad de gas útil de unos 8.000 millones de pies cúbicos a unos 20.000 millones de pies cúbicos, topó con la oposición organizada del grupo local Save Lake Peigneur, Inc. Excavar nuevas cavernas por disolución obliga a bombear enormes volúmenes de agua dulce, y la objeción central del grupo era el riesgo para el acuífero Chicot, la principal fuente de agua potable y de riego de la zona, junto con la preocupación por la seguridad de los cerca de 4.000 residentes que viven a menos de una milla de la instalación. La batalla llegó a los tribunales: en 2014, el juez Keith Comeaux, del Tribunal del 16.º Distrito Judicial, revocó la decisión del Departamento de Recursos Naturales de Luisiana de conceder un permiso de uso costero para las dos nuevas cavernas. En el momento de escribir esto, la ampliación no se ha construido.
El lago está hoy en calma, rodeado de terrenos privados, y se puede contemplar sobre todo desde los restaurados Rip Van Winkle Gardens, en Jefferson Island. Una chimenea de ladrillo todavía asoma del agua, testigo de lo que se llevó la inundación. Los jardines, muy dañados en 1980, se reconstruyeron en una fracción de su antigua superficie.
La geología no se ha calmado. Los domos salinos de Luisiana no son inertes. Un estudio de 2021 publicado en Frontiers in Environmental Science contabilizó 153 domos salinos terrestres conocidos en el estado y señaló que dos de ellos han producido dolinas de colapso influidas por la actividad humana: el lago Peigneur en 1980 y Bayou Corne, en el domo de Napoleonville, en 2012. A partir de ahí, los autores calculan una probabilidad anual de que un domo cualquiera produzca un colapso así de aproximadamente el 0,025 % —dos sucesos entre 153 domos en 52 años—, una frecuencia que comparan con la de los terremotos dañinos en el oeste de Norteamérica. Autin, por su parte, ha subrayado que el levantamiento de las Cinco Islas probablemente sigue activo, lo que deja abierta la posibilidad de una futura inestabilidad geomorfológica.
El lago Peigneur es hoy un caso de estudio de lo que ocurre cuando dos industrias van a por el mismo bloque de sal jurásica desde direcciones opuestas, en un lugar donde el suelo lleva cien millones de años elevándose y aún puede hundirse en una tarde.
Preguntas frecuentes
¿Qué causó el desastre del lago Peigneur?
Se cree que una torre petrolera contratada por Texaco y operada por Wilson Brothers perforó un agujero de 14 pulgadas en la mina de sal de Diamond Crystal situada bajo el lago, probablemente porque el pozo estaba mal situado respecto a la mina. El agua dulce del lago se precipitó entonces en la mina, disolviendo la sal y agrandando el agujero hasta que el lago entero se vació. El informe de la MSHA de 1981 no pudo determinar la causa precisa porque la mina inundada nunca pudo inspeccionarse.
¿Murió alguien en el lago Peigneur?
No murió nadie y no hubo heridos graves. La cuadrilla de perforación logró abandonar la plataforma, los 55 mineros del turno fueron evacuados en el único ascensor de la mina después de que el electricista Junius Gaddison diera la alarma, y un pescador que estaba en el lago llegó a la orilla. Las crónicas de la época registran la pérdida de tres perros.
¿Qué profundidad tiene hoy el lago Peigneur?
Antes de 1980 tenía unos diez pies de profundidad. El hundimiento de la mina creó un cráter profundo, y el lago, de nuevo lleno, alcanza ahora una profundidad máxima de unos 200 pies, lo que lo convierte en el lago más profundo de Luisiana. Además, ahora es salobre en lugar de dulce.
¿Puede volver a ocurrir?
En principio, sí. Un estudio de 2021 publicado en Frontiers estimó en aproximadamente un 0,025 % la probabilidad anual de que se forme una dolina de colapso en un domo salino de Luisiana, a partir de dos sucesos (el lago Peigneur en 1980 y Bayou Corne en 2012) entre 153 domos terrestres conocidos. En ambos influyó la actividad humana. El domo salino que hay bajo el lago Peigneur se usa hoy para almacenar gas natural, y por eso las ampliaciones propuestas han topado con la oposición local.
¿Qué es un domo salino?
Un domo salino es una columna de sal que ha ascendido por flotabilidad a través de la roca suprayacente. La sal es menos densa que el sedimento compactado y fluye plásticamente a escala de tiempo geológico, de modo que la sal enterrada tiende a ascender y a perforar las capas que tiene encima en un proceso llamado diapirismo. En la costa de Luisiana, la sal procede de la Sal Louann, de edad jurásica, y las Cinco Islas, entre ellas Jefferson Island, son la expresión en superficie de esos domos.




